El yo y el mi en la sociedad
*Por Gabriela Cabutto
*Investigadora Full Time del CEIG (Centro de Estudios e Investigación Gedisos)
Mi propósito es esbozar de un modo general y breve cómo la sociedad en su conjunto, incluyéndolo al hombre como centro de esa sociedad, influye en las creencias, actos, pensamientos y en todo el desarrollo de la persona, desde el primer contacto de ella hasta su desaparición física, y cómo dentro del medio, la persona se abre y adapta a ese entorno que le va formando su personalidad.
Antes, y a modo de introducción en el tema, cabe definir lo que es Holismo y lo que es Individualismo, ya que dentro de la primera categoría se centra la relación de la sociedad y su influencia en el hombre.
El individuo entra en dos categorías dentro de la Concepción Individualista: como especie de átomo social y como realidad singular que no puede ser intercambiable con ningún otro de la misma especie. La primera categorización es negativa, ya que constituye por oposición a las diferentes realidades, como lo son la sociedad, el Estado, y los otros individuos. Por otro lado, la segunda categoría es positiva, por el hecho de que cada individuo se constituye en virtud propia por sus cualidades irreductibles. Esta es la concepción de persona, mientras que la otra lo reduce a mero individuo.
En cuanto al Holismo, es un modo de considerar ciertas realidades, tanto como totalidades o como compuesto de miembros ó elementos. Para esta corriente, las realidades son primeramente estructuras, y los miembros de ésta se relacionan de manera funcional. Goldsten asemeja a los organismos individuales con las entidades holísticas, ese organismo es un sistema que funciona como un todo. La idea e sociedad humana se establece como una concepción natural de las realidades sociales, vista desde la ontología; o como explicación de esa realidad de modo metodológica.
George Mead al hablar del “yo” y el “mi”, explica un modo de entender las relaciones del individuo con la sociedad y la influencia de ésta durante todo el crecimiento de la persona. (este tema será abordado en uno de los tópicos de este trabajo)
Para ello, comienzo desarrollando las definiciones de niño y persona, luego las relaciones intersubjetivas y la utilización del lenguaje como medio para esas relaciones, que son parte del “yo” y el “mi”, del medio social para llegar por último a la sociedad y la persona.
EL HOMBRE Y SU RELACIÓN EN LA SOCIEDAD
1- La persona.
La persona es un ser diferente de los otros, de cada uno que lo rodea. Crece en un ámbito determinado y se diferencia de los objetos que constituyen ese mismo ámbito. George Mead, al referirse a la persona, la ubica en la relación con los demás, aludiendo que ella debe tomarse como un “objeto para sí”, al “adoptar las actitudes de los otros individuos hacia él dentro de un medio social o contexto de experiencia” que los involucra a ambos, los otros y al individuo mismo.
Lo que llama la atención es el modo en cómo Mead lo coloca al hombre en esa relación, al hablar de la sociedad y los actos de los demás hacia él. Es raro el contexto de experiencia, digamos que es el pasado de los otros que se aúna al pasado de la persona para relacionarlos. Más adelante tocaremos el tema de la experiencia social y personal.
Cabría diferenciar los vocablos individuo y persona. El término individuo es aplicable a la entidad en que la unidad es encontrada por contraposición: alguien es individuo cuando no es otro individuo. Por otro lado, persona se define por algo positivo y con elementos que le pertenecen como tal. Al individuo se lo considera como una persona por separada dentro de una colectividad, es algo singular, completamente determinado; la persona es un individuo de la especie humana, un supuesto inteligente. Yo utilizaré indistintamente las dos palabras, con igual significado, a las que le agregaré los vocablos hombre y sujeto, también para denominar lo mismo. Por otro lado, es claramente apreciable que para definir tanto individuo como persona, se intercambian los sustantivos entre los dos términos, agregándoles a cada uno una particular estructura que lo diferencia de la otra palabra.
La persona es en cuanto determina su conducta de acuerdo al grupo; ese grupo son los “otros”, los que interactúan con él. Primero se tiene que ver como otro, para luego ubicarse en la posición del otro y así se ven así mismo como ese otro, de modo que pasa a ser en sí mismo, que abarca a la persona como objeto y sujeto al mismo tiempo. Dando así nacimiento a la experiencia personal de ese individuo, y acrecentando la experiencia social en su conjunto. No se puede extraer al hombre de la experiencia social, porque la necesita para la creación de su personalidad.
2- Las relaciones intersubjetivas y el lenguaje como medio.
La experiencia social de la que hablábamos anteriormente es la que pone en funcionamiento la comunicación entre la persona y su entorno. El lenguaje es el modo en cómo esa comunicación se da. La persona se basa de símbolos, ya sean orales, escritos o gestuales para darse entender. Todos esos símbolos forman el lenguaje.
Es importante recalcar que la forma que la persona utiliza para comunicase está dada por la misma sociedad, es el entorno en la que ese individuo se mueve el que le proporciona los elementos para relacionarse. Como hemos dicho antes, la persona necesita de los otros para sobrevivir, para darse a conocer, para comunicarse, entre otras acciones que la configuran; en todos estos procesos se va desarrollando como integrante de esa sociedad, que a su vez la forma y la influye.
En cuanto a los símbolos, son todos universales, de acuerdo a cómo lo expresa Mead , porque lo que se expresa tiene que reaccionar en el otro del mismo modo que lo hace en la persona. Esto quiere decir que cuando se pronuncia una palabra o una frase con determinado significado, es porque se quiere que recaiga esa oración en la otra persona igual que lo hace en la que lo dice.
Por lo general, antes de expresarse, el individuo piensa y elabora lo que va a decir para intentar influir en el otro de la forma en que espera. Se busca con precisión tratando de escoger los vocablos que mejor suenan y expresan lo deseado; de manera tal de llegar al resultado esperado. Al dirigirse hacia el otro, lo hace de un modo especial, para transmitir su sensación por medio del lenguaje.
George Mead lo expresa claro cuando nos dice: “lo esencial para la comunicación es que el símbolo despierte en la persona de uno lo que despierta en el otro individuo”.
Pero esto no es así en todas las relaciones, ni en todos los momentos de estas relaciones. Hay situaciones en que nos dirigimos a los demás sin ninguna intención de promover sus sentimientos, ni siquiera de expresar los nuestros. Hay conversaciones en las que no provocamos cada palabra, las decimos sin pensar en las emociones que provocan, simplemente opinamos o intercambiamos pensamientos sin buscar un resultado específico sobre lo que se dice.
Por lo tanto, el lenguaje es el medio por excelencia en la comunicación intersubjetiva. Las personas se relacionan a través de ésta; utilizan los símbolos como elementos básicos para darse en entender. Lo hacen de modo inconsciente, porque no se dan cuenta al momento de lo que realizan. Es muy natural para ellos hablar, escribir e incluso pensar que no se detienen a recapacitar el por qué de esa acción. Simplemente lo hacen porque el entorno lo lleva a realizarlo. Es algo complejo de explicar pero muy simple de ver.
Si nos detuviéramos en la calle, veríamos cómo la gente se saluda, se detienen a conversar sin tan sólo saber el porqué o tal vez el para qué lo hace, es también curioso ver las reacciones de los que hace mucho que no se ven. Es raro, pero el hombre transita por esta vida sin cuestionarse la mayoría de las cosas que hace, sólo lo hace porque la sociedad se la inculca y debe seguirla, si quiere ser parte de ella. Está demás agregar que al hombre no se lo puede extraer de ésta, porque no podría desarrollarse como tal.
3- Las relaciones entre el “yo” y el “mi” en la persona.
Mead hace una clara distinción de lo que llama el “yo” y el “mi”, como parte importantísima del sujeto.
El “yo” es la ubicación social del hombre, que le da ciertas funciones, modos de actuar y la posición de éste en la institución . Este “yo” crece por los actos que realizan los otros hacia él, que son los que los constituyen; y forman a su vez la experiencia de la persona que la va a llevar a reaccionar ante los demás. Esa experiencia es la que denomina “mi”. Es el momento que le antecede a la acción que el “yo” realiza.
El “yo” está dado por la personalidad del sujeto, si bien basada en las acciones del entorno, “mi”, el hombre se defiende desde su lugar, sin darse cuenta que ese “mi” es lo que lo identifica ante los demás, pero que pertenece a su “yo” del pasado (que conforma su experiencia, el “mi” del presente), que es el que actúa en ese momento. El “mi” es el conjunto de los demás, mientras que el “yo” es la reacción hacia los otros. Lo que hoy es el “yo”, mañana va a conformar la experiencia, es decir, el “mi”; son la “serie de actitudes organizadas de lo otros que adapta uno mismo” . Es a esta actitud a la que reacciona el hombre desde su “yo”. Acciona contra la situación social que está en su propia conducta, porque es la que lo formó y lo constituye desde su “mi”, es algo un poco raro, pero no por eso desacertado. Después de haber reaccionado, entra a conformar su experiencia, su “mi2, para luego volver a actuar en contra de él desde su “yo”.
Este sujeto incorpora a su “mi” las reacciones no sólo de él, sino también la de los otros que están involucrados al igual que él en las relaciones sociales.
4- La persona y su relación en el medio social y la influencia de ésta en su formación.
Es menester hablar primero sobre lo que denominamos “sociedad”, de ese gran todo al cual pertenece la persona. Una primera definición nos dice que la sociedad es una agrupación de individuos con el fin de cumplir, por mutua cooperación, todos o algunos de los fines de la vida. Otra definición nos habla que es la reunión o agrupación de personas o fuerzas sociales; conjunto natural o convencional de personas, con unidad diferente y superior a la de sus miembros individuales, que cumple con la cooperación integrada de utilidad común. Y por último, la caracterizan como la humanidad en su conjunto de interdependencia y relación.
La actitud de la comunidad en su conjunto caracteriza la unidad de la persona; interviene en cada individuo para relacionarlo con los otros, de modo que cada uno sea consciente de lugar que ocupa y asume dentro del grupo social. Es lo que Mead llama “el otro generalizado”, que hace que los procesos sociales ayudan a formar en el individuo su comportamiento y de forma determinada, su pensamiento.
Todos esos modos de actuar ingresan en la experiencia de la persona para formar la constitución de ésta. Son importantes porque definen lo que socialmente está permitido o aprobado, y es así que la persona entra en el juego que la sociedad quiere y establece. Ese individuo actúa de acuerdo a esas reglas para pertenecer al entorno, para ser aceptado. Su comportamiento, de algún modo, se aliena (término utilizado por Marx), deja que el entorno forme su pensamiento y determine sus actos; así logrará su lugar al lado de los otros.
“El individuo no sólo se adapta a la actitud de otros, si no que, también, cambia la actitud de los otros. Modifica continuamente el proceso social mismo”.
Al relacionarse con los otros dentro de las instituciones que conforman la sociedad, el individuo influye en el prójimo frente al estímulo dado por éste, haciendo que sus acciones sean distintas continuamente y produzcan nuevos cambios.
Ninguno de los componentes que integran la sociedad puede modificarla completamente, sino que cada persona le va agregando a ese complejo sistema una parte nueva que cambia a la anterior, esa parte es una acción que afecta las actitudes de los otros y las modifica.
Cada ser es único. Sus pensamientos, aunque sean establecidos por las acciones de los otros, son diferentes. Los otros influyen, pero la creación mental en individual porque es una reacción a lo que los otros hacen. Es necesario adoptar primero los actos de la sociedad, para después poder reaccionar a éstos.
Ante todo, esto resulta ser como un juego de palabras, más allá de lo que realmente significa.
La sociedad influye de un modo concluyente en la formación de la persona, porque es esa misma persona el componente fundamental de esta institución. A medida que el hombre se va desarrollando, el entorno va formando su carácter, le va marcando cómo debe reaccionar ante determinadas situaciones, y lo que es más importante: crea su personalidad.
Como bien lo dijo Aristóteles; “el hombre es ante todo un ser social”; hoy lo vemos más que nunca, porque a pesar que necesita de ese entorno para poder desarrollarse, crecer e intercomunicarse, el hombre sin la sociedad no existe como tal. No se lo puede concebir alejado de ese entorno que le da vida, en cuanto lo desarrolla en la relación intersubjetiva con los demás, que son sus iguales.
El hombre es en cuanto se une con los demás, es en cuanto vive rodeado de otros que lo llevan a ser uno de ellos, sin dejar de ser él mismo.
Espero haber sido lo bastante clara con respecto a lo que desarrollé. De ser más extenso sería dar vuelta siempre sobre lo mismo, por lo tanto, sería aburrido.
Mi intención fue sólo esbozar lo más breve y conciso posible lo que consideré importante de George Mead y, por ende, lo que me llamó la atención de su escrito. Estoy de acuerdo con su pensamiento, aunque su modo de explicar es bastante repetitivo, pero no por eso deja de ser consistente, concreto y lógico, (sin descartar la credibilidad de sus palabras).
BIBLIOGRAFÍA
Ferrater Mora, José. Diccionario de Filosofía Editorial Ariel S.A. Barcelona 1999
Mead, George H. Espíritu, Persona y Sociedad. Editorial Paidos Buenos Aires 1937
Morey, Patricia. Alternativas teóricas para explicar creencias: La pluralidad ¿implica relativismo? Nombres, Revista de Filosofía Año V, N* 6, Córdoba 1995
Osorio, Manuel Diccionario de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales Editorial Heliasta
Notas
1 Mead, George, Espíritu, Persona y Sociedad. Editorial Paidos Buenos Aires.
Parte III, La Persona, pág. 170
2 Esta comparación está sacada del Diccionario de Ferrater Mora. Hago la aclaración para poder expresarme sin tener que recurrir siempre a un solo término y ser reiterativa. Además, estoy hablando del mismo componente humano, persona, individuo y hombre es lo mismo. Sujeto es más frívolo o técnico de otras áreas, pero me sirve de igual modo a los efectos que me interesan. A mi entender, en las relaciones humanas, no se hace esta diferenciación tajante, que, como por ejemplo en la filosofía, es bastante común diferenciarlas para su estudio, y de acuerdo a la rama que la aborda.
3 Mead, George, obra ya citada, pág 177
4 Mead, George, obra ya citada, pág. 180
5 Esta figura de hombre es el “ordinario” o el “común”. En esta caracterización no incurre el Filósofo, porque es precisamente él quien cuestiona, estudia y se preocupa por ese transitar sin interrogantes.
6 A este término, institución, lo voy a utilizar como sinónimo de sociedad, para no estar repitiéndolo siempre. También a este efecto utilizo las palabras entorno y medio que lo rodea.
7 Mead, George obra ya citada. Pág. 202
8 Diccionario Enciclopédico Océano Uno, edición 1997
9 Diccionario de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales. Manuel Osorio. Editorial Heliasta, España 1997
10 Mead, George, obra ya citada. Pág. 206
Atras
26.02.2010.


