El rol del psicólogo jurídico
Psicoanálisis /Ley
*Sergio Zabalza
El rol del psicólogo jurídico ( y el lugar de las técnicas que emplea)
¿No sería cualquier psicólogo que opera desde el psicoanálisis un psicólogo jurídico ? La primera cuestión que un psicólogo debe abordar al escuchar un discurso radica en establecer cuál es la relación de ese sujeto con la ley, si es que la tiene. ¿Qué tiene para rescatar un menor en un dispositivo tutelar? ¿Qué voluntad de resarcimiento demuestra la institución que lo alberga? ¿Es apta para hacerse cargo de las atenciones que oportunamente le fueron denegadas al sujeto? Sin el límite que brinda el marco legal no hay oportunidad alguna para un análisis. La ley pertenece al orden de lo necesario, por el contrario, el don de un análisis abreva de la dimensión de lo propiamente contingente. Sólo se puede construir una demanda brindando la posibilidad de elegir. ¿Por qué no pensar que el arte del psicólogo jurídico radica en un saber hacer allí donde la norma se constituye en oportunidad para el sujeto?
En estos días en que muchos debaten el estatuto de las transgresiones a la ley cometidas por menores, se hace oportuno indagar el papel que cumple un psicólogo dentro de las instituciones supuestamente encargadas de reparar las carencias que signaron los años más tiernos y vulnerables de un sujeto.
Por cierto, el título de nuestro trabajo insinúa una especificidad que bien podría resultar ociosa para quien desde el psicoanálisis opera. En efecto, por más que cambien las épocas y con ellas las modalidades del Malestar en la Cultura (1), la norma con que una imperativa renuncia pulsional nos integra a la vida civilizada continúa rigiendo para todos.
¿No es acaso el psicoanálisis quien atiende el singular modo de satisfacción con que un sujeto se resarce de aquella pérdida constitutiva?
¿No es el inconsciente eso que -por gozar más allá de prudencias y recaudos- nos avergüenza al someternos a una tan prohibida como privada exigencia?
¿No es la demanda pulsional -por lo tanto- esa fuerza tan resistida cuanto más agita nuestra esencia criminal?
Para decirlo todo: Si el inconsciente, por ser el representante psíquico de una falta constituida a partir de la imposición de una ley, ostenta un estatuto ético: ¿No sería cualquier psicólogo que opera desde el psicoanálisis un psicólogo jurídico ?
Por lo pronto, aquí aparece la subversiva paradoja según la cual la práctica del psicólogo jurídico reuniría a dos criminales – analista y paciente- cuya única diferencia estriba en los recursos –tan adjudicados como asumidos- con que cada uno cuenta para postergar un acto atroz.
Por sobre cualquier consideración basada en criterios de normalidad, adaptación a la realidad, salud mental, rehabilitación, etc., estamos diciendo que tras los muros de una cárcel habitan los que se han hecho cargo de la criminal vocación de muchos. No estamos proponiendo eliminar las prisiones ni victimizar a quien pasó al acto, sino situar una brecha en el muro que el lenguaje y los ladrillos levantaron entre honestos y delincuentes. Estamos hablando del rol del psicólogo jurídico.
La fuente de todas las motivaciones morales
Dicen que como condición para vislumbrar hasta qué punto puede un individuo hacerse cargo de sus actos, la primera cuestión que un psicólogo debe abordar al escuchar un discurso radica en establecer cuál es la relación de ese sujeto con la ley, si es que la tiene. Intentemos indagar en la génesis y constitución de tal relación.
Según comentan algunos, fue Ana Freud quien a duras penas salvó un viejo manuscrito que su padre intentaba arrojar al fuego. En efecto, Proyecto de una psicología para neurólogos fue escrito en 1895, cuando aún el psicoanálisis estaba en ciernes. Sin embargo, los quantums energéticos con que Freud diseñó el texto no le impidieron situar una cuestión crucial para la subjetividad: el inicial desvalimiento - fuente primordial de todos los motivos morales (2) - con que la cría humana llega al mundo y el insustituible lugar del prójimo que atiende sus necesidades. Bella metáfora para el acto de esa hija, quien al rescatar el legado de su padre, devuelve a la sociedad el amor que alguna vez le fue donado en su infancia.
¿Qué tiene para rescatar un menor en un dispositivo tutelar? ¿Qué voluntad de resarcimiento demuestra la institución que lo alberga? ¿Es apta para hacerse cargo de las atenciones que oportunamente le fueron denegadas al sujeto? ¿Qué dones podrá devolver un menor a la sociedad que- para bien o para mal – puso un tope a la desmesura de sus acciones?
Deseo de analista
El punto no es ocioso. Basta remitirse a la hipótesis de Totem y Tabú para vislumbrar el marco perentorio y taxativo con que la conciencia moral se impone a los sujetos al desviar impulsos y sustituir objetos prohibidos. Por cierto, sin el límite que brinda el marco legal no hay oportunidad alguna para un análisis. (Razón de más para descartar la práctica del psicoanálisis en un régimen de terrorismo de estado, por ejemplo.).
Ahora bien, si la ley pertenece al orden de lo necesario, por el contrario, el don de un análisis abreva de la dimensión de lo propiamente contingente. Porque si bien todos deben contar con la oportunidad de un analista, nadie puede estar obligado a someterse a un tratamiento. Sólo se puede construir una demanda brindando la posibilidad de elegir. La aparente contradicción que esta frase encierra explica por qué una perspectiva analítica descansa en el arte del caso por caso. ¿Acaso no es la angustia propia de la emergencia subjetiva tan impredecible como pautados son los códigos y reglamentos?
Si de hacer un lugar se trata: ¿Por qué no pensar que el arte del psicólogo jurídico radica en un saber hacer allí (3) donde la norma se constituye en oportunidad para el sujeto?
Por eso, los resultados de las consabidas pericias, dibujitos y entrevistas deben revestir el carácter provisorio que la perspectiva ética imprime al considerar que el primer interpelado en una intervención es la institución tutelar misma y con ella los necesarios- pero no menos cuestionables- instrumentos con que la sociedad acostumbra a rotular sus deshechos para luego arrojarlos tras el muro del lenguaje y los ladrillos. (4)
Referencias
1.- Sigmund Freud, “El Malestar en la Cultura” en Obras Completas.
2.- Sigmund Freud, “Proyecto de una Psicología para neurólogos”, en Obras Completas, A. E. Tomo I, pag. 362 y 363.
3.- Jacques Lacan,. El Seminario: Libro 16, “De un otro al Otro”, clase 13 del 5 de marzo de 1969.
4.- Agradecemos a la psicóloga jurídica Verónica Maddoni el intercambio que precipitó estas líneas.
Atras
08.02.2010.


