Romanticismo Francés

El movimiento romántico había nacido en Alemania en los albores del siglo XVIII, y había encontrado en Inglaterra un lugar propicio para una temprana expansión. La Europa continental tardó algo más en abrir los brazos a esta nueva doctrina filosófica y artística, pero finalmente la recibió con los brazos abiertos.

En Francia, en particular, el romanticismo tuvo su pequeña etapa de apogeo durante la restauración. Y si bien en el caso inglés el romanticismo se erigió como la gran oposición del mundo industrial y burgués, en Francia, algo menos industrializada, el enemigo fue el clasicismo y el exacerbado racionalismo filosófico de la Ilustración.

El romanticismo francés vivió durante muchos años en un discreto segundo plano. La tormentosa vida política del país desde la Revolución hasta la Restauración centró el esfuerzo de los grandes literatos del país en la filosofía y en la política, y casi nadie cuestionó el clasicismo promulgado por la Ilustración. Si bien en un pensador eminentemente ilustrado, como Jean Jacques Rousseu, se encuentran ya los primeros gérmenes del romanticismo francés.

Más adelante, François René de Chateaubriand escribió obras como Atala, o El genio del cristianismo, aportando novedades a la literatura francesa como el exotismo y cierto misticismo religioso. Un aporte de mayor importancia fue el de Madame de Staël, obligada por Napoleón a vivir en Alemania, y entusiasmada por la c...

02.08.

Romanticismo Alemán

Sin ninguna duda, la verdadera cuna del romanticismo europeo fue Alemania. En opinión de muchos, fue también el lugar donde esta corriente alcanzó su espíritu más alto y donde más profundamente influyó en las generaciones siguientes. El romanticismo, como ya sabemos, significó la preferencia por el sentimiento, la libertad del espíritu y la irracionalidad por encima de la racionalidad y la técnica.

El auge de este movimiento en Alemania, si bien se inició bastante pronto gracias al germen sembrado por algunos autores pre-románticos, tuvo en Goethe su causa fundamental. Goethe es el verdadero fundador del romanticismo alemán, tanto en lo literario como en lo filosófico. Paradójicamente sería también uno de los primeros en abandonar el ideal romántico; tras un viaje a Italia adoptó un estilo más clásico y mesurado.

En cualquier caso, Goethe fue, junto a Novalis, Hoffman, Schiller y Hölderlin, el motor principal del movimiento romántico en Alemania. Iniciar...

02.08.

Albert Camus de niño pobre a escritor de un siglo

Cien años atrás, el 7 de noviembre de 1913, nació Albert Camus, uno de los escritores centrales del siglo XX. Francés de origen africano, miembro de una minoría, niño pobre, joven atravesado por el absurdo de una época “de dioses muertos e ideologías extenuadas”, construyó una obra en la que reivindica la función, ya no de “rehacer el mundo”, sino de “evitar que…se deshaga”.

Albert Camus nació en Orán y vivió en Argelia hasta los treinta años. El dato no es una mera referencia biográfica: es una marca constitutiva de su personalidad y de su obra. Fue un hombre de frontera, en el límite entre Europa y África, ligado íntimamente al paisaje por la experiencia de infancia y juventud argelinas y protagonista, a la vez, en los conflictos de un mundo en crisis.

Nació un año antes de la primera guerra mundial, en la que murió su padre; se crió, huérfano, en el estrato más bajo del grupo de los pieds-noir, descendiente de europeos en medio de una mayoría de árabes argelinos, en una familia cercada por la miseria y el analfabetismo, “que hace que las gentes no tengan nombre ni pasado”. En el discurso que dio en ocasión de recibir el premio Nobel, se declaró integrante de la generación que nació con la primera guerra; que padeció también la de España, la segunda guerra mundial, “el universo de los campos de concentración, la Europa de la tortura y las prisiones (…) en un mundo amenazado de destrucción nuclear”. Esta participación en el grupo que sufrió los hechos que conformaron una “historia demencial”, le permitió entender la atracción de alejarse del optimismo y colocarse al borde de la desesperanza.

Por tanto, Camus admite qu...

09.11.

Søren Kierkegaard y un homenaje en la lente del cine

En el mes de un nuevo aniversario de la muerte del gran filósofo danés, y a dos siglos de su nacimiento, el padre del existencialismo tuvo su homenaje en Buenos Aires con un singular ciclo.

Hace más de una década se editaba en Buenos Aires un libro curioso pero necesario titulado: Cine: 100 años de filosofía. En él, su autor, Julio Cabrera, elegía algunas películas para situarlas en relación con una cuestión filosófica central. En su primer capítulo escribía: “Pero Schopenhauer, Nietzsche, Kierkegaard, Heidegger, etc…, o sea, los filósofos que he llamado ‘páticos’ (o ‘cinematográficos’) han ido mucho más lejos: no se han limitado a tematizar el componente afectivo, sino que lo han incluido en la racionalidad como un elemento esencial de acceso al mundo. El pathos ha dejado de ser un ‘objeto’ de estudio, al que puede eludir exteriormente, para transformarse en una forma de encaminamiento”. En esa lista estaba el filósofo danés Søren Kierkegaard.

El también eminente teólogo nació en Copenhague el 5 de mayo de 1813 y murió en la misma ciudad el 11 de noviembre de 1855, cuarenta años antes de la primera función de cine organizada en París por los hermanos Lumiére. Empero, como queda demostrado, su posterior influencia en el cine es clave porque, desde Ingmar Bergman a Woody Allen, se desarrolla una poética sobre la naturaleza de la fe, la responsabilidad de elegir y la angustia existencial que según Kierkegaard es: “la realidad de la libertad como posibilidad antes de la posibilidad”; todo un análisis de la esfera de los sentimientos, de la responsabilidad y la culpa donde se manifiesta la vigencia del pensador. Tampoco es casualidad que en las IX Jornadas Kierkegaard 2013 se presentaran trabajos como “La poética del amor cristiano; evocaciones kierkegaardianas en la filmografía de Robert Bresson”; “Kierkegaard en el cine de los Dardenne”...

09.11.