Negociadores, esos héroes anónimos en las tomas de rehenes

Negociadores, esos héroes anónimos en las tomas de rehenes

Saber escuchar, clave para el mediador policial

Negociadores, esos héroes anónimos en las tomas de rehenes

El negociador de GEOF, de la Policía Federal, debió mediar durante más de cuatro horas en una toma, en Almagro

Loreley Gaffoglio

LA NACION

El estrés asfixia como una tenaza en la garganta. Pero la escena policial está teñida por una "serenidad simulada y contagiosa", que contrasta con lo que sucede adentro: rehenes vulnerables a una violencia impredecible.

En ese punto es cuando los negociadores de las fuerzas policiales entran en acción. Cercados, para los delincuentes los rehenes son un recurso desesperado, una "tregua" para poder escapar.

Según las últimas estadísticas de organizaciones no gubernamentales, en todo el país se producen unas 730 tomas de rehenes por año. El 90% de los casos se resuelve por la vía de la persuasión, gracias a los mediadores policiales.

Con frialdad de cirujano, Pablo, negociador del grupo Halcón, de la policía bonaerense, maneja su propia ansiedad y tolera el estrés. Aprendió a disociar los hechos objetivos de sus propias emociones, aunque un concentrado hedor ácido delata el torrente de adrenalina que exuda su piel. No es miedo. Es una tensión punzante y permanente. La misma que, paradójicamente, lo vuelve más reflexivo y agudiza su poder de escucha.

Gran parte de las expectativas se depositan en él, pero no está solo: trabaja a la par de su coéquipier, una psicóloga de la fuerza, que lo complementa. La finalidad de ambos es crear necesidades en el otro que puedan ser cumplidas por uno solo. Algo así como poder "ingresar" en la mente de un agresor para tomar el control de una situación de crisis.

En ese marco desarrollan su tarea las tres duplas de negociadores del grupo Halcón de la policía bonaerense que, al igual que el GEOF, de la Policía Federal, intervienen en tomas de rehenes, motines o amenazas de suicidio.

En la provincia de Buenos Aires no se lleva un registro sobre ese ardid delictivo ya que, según confiaron voceros de la policía bonaerense, no sirve para tipificar delitos: "La delicuencia toma rehenes cuando algo les sale mal, que siempre es otro delito anterior", señalaron.

Entrenados según la doctrina del FBI adaptada a las leyes argentinas, tienen entre 25 y 40 años, y fueron seleccionados por sus destrezas psicofísicas: son pacientes, cerebrales, manejan una perfecta dicción y controlan sus impulsos. Además, gozan de una jerarquía media. Un rango que no sea tan bajo como para no poder tomar decisiones, ni tan alto como para que sus directivas sean las de máxima.

La teniente Elena J, una de las psicólogas experimentadas de esa fuerza de elite, es quien revela esos entretelones a LA NACION. En 1999 ayudó a rediseñar el perfil psicológico del negociador del grupo Halcón. Capacitó a muchos de ellos y medió en casos resonantes, como la falsa toma de rehenes del robo al Banco Río, de Acassuso. También, en el desaguisado que produjo un delincuente de 12 años, drogado y borracho, apodado "Chuki", en un supermercado de Gerli. Y, a partir de allí, en un sinnúmero de hechos menos mediáticos, como la vez en que un comerciante en plena crisis neurótica se atrincheró en su negocio de Puente La Noria y ató y encañonó al delincuente que lo había asaltado días antes, mientras amenazaba con matarlo si no le restituía la mercadería robada.

Ahora se ocupa de mediar en secuestros extorsivos, tras 20 años de negociar la violencia de la calle.

"El negociador ?revela? moviliza demandas y crea necesidades. Debe hacerle creer al delincuente que es él quien exige cosas, cuando en realidad son deseos generados por la estrategia de negociación. Por eso, lo primero que hacemos es cortarles el agua y la luz."

Medios para la fuga

De entrada, ellos piden autos para escaparse, armas y drogas, que no son negociables. La exigencia de un juez y de la TV vendrá después. Las cámaras en vivo les garantizan en el futuro cierta jerarquía carcelaria. Nunca se les dirá que no a algo. Se intentará transformar la demanda en otra que pueda ser satisfecha. Todo se da a cambio de algo y de forma paulatina. Lo que se promete, se cumple. Y cada contacto con el agresor es una bocanada con nueva información, que ayudará a armar el siguiente paso en la estrategia de negociación.

La integridad de los rehenes es el punto de partida, y descifrar el perfil del criminal, para saber qué decir y qué callar, el siguiente paso. No se cumple una hora de suscitados los hechos en que no aparezcan solas las madres o las mujeres de quien generó la tensión. Se establecen tres vallados y ellas servirán de fuente al psicólogo. Permanecerán allí hasta el final, ya que el contacto con ellas es el último eslabón de la disuasión.

Avezado oyente, es esa capacidad del negociador la que actúa como mirilla del equipo táctico, listo para irrumpir en la escena ante la primera alarma de peligrosidad. "Los delincuentes precoces son de peligro inminente por lo impulsivos ?afirma Elena?. Pueden matar a mansalva cuando la situación se les va de control. Y para ellos todo no deja de ser un juego."

Pero el 90% de los casos se resuelve por la vía de la persuasión. Así, la capacidad para dar vueltas las palabras resulta fundamental. Elena recuerda el siguiente diálogo:

?No vas a salir lastimado. Te lo asegura un triste policía como yo.

?Un triste policía como vos mató a mi hermano? le espetó el criminal.

?Contame cómo era tu hermano ?le respondió un hábil negociador.

Los errores también están a la orden del día. Sucedió cuando, hace unos años, un inexperto fiscal se puso a negociar un motín carcelario en Morón. Les prometió a los reclusos pizza de anchoas a las 4.30. El pedido no llegó. Otra vez, un juez permitió el desplazamiento de una crisis desde Villa Urquiza a Paternal. La policía los perseguía. "Fallas de manual", dice Elena.

El autocontrol resguarda a las víctimas y no se discute con el agresor, que a veces carga con psicopatías que lo ayudan en su manipulación. "Un compañero atravesaba una conflictiva situación conyugal cuando un delincuente le exigió: «De ahora en más, te vas a hacer llamar ?Cornudo?. Te llamo y vos decís: ?Hola, habla Cornudo». Al siguiente llamado del criminal, el negociador, que se estaba separando, se desbarrancó. Debió tomar la posta un equipo secundario, una táctica desaconsejable en la negociación, ya que quien la inicia, la termina", dice Elena.

Es clave el semblanteo respecto del encono que el delincuente pueda haber desarrollado con algún cautivo. "Cuando escuchás: «Me molesta esta pelota» [una embarazada], y ves que se cosifica a la persona, es muy probable que sobre ella se ejerza más violencia. Entonces, el señalado será una prioridad en la liberación", concluye.

Protocolo

• La crisis no se debe trasladar de lugar y el negociador está para movilizar demandas.

• A través de la escucha, el negociador es el "ojo" del equipo táctico.

• Jamás se le habla al delincuente de la posibilidad de matar o se le pide que no mate a alguien.

• Nunca se le dice que sus acciones no tendrán consecuencias.

• No se pone al teléfono a las autoridades de la mesa de crisis (fiscal y jefe policial).

• Autos, armas, drogas y alcohol no se negocian.

• Se cumple siempre con lo que se promete.

Perfil de quienes toman rehenes

• Tienen adicciones y hasta 35 años. Son improvisados e impulsivos, a los que algo les salió mal. Provienen de familias desarticuladas, sin figura paterna. Y delinquen para su madre en un sentido figurado: quieren tapar sus carencias. "La ley tiene que ver con una función paterna, con una madre no permisiva que fija la autoridad", dice Elena.

Atras   15.08.2009.


Negociadores, esos héroes anónimos en las tomas de rehenes

Negociadores, esos héroes anónimos en las tomas de rehenes

Saber escuchar, clave para el mediador policial

Negociadores, esos héroes anónimos en las tomas de rehenes

El negociador de GEOF, de la Policía Federal, debió mediar durante más de cuatro horas en una toma, en Almagro

Loreley Gaffoglio

LA NACION

El estrés asfixia como una tenaza en la garganta. Pero la escena policial está teñida por una "serenidad simulada y contagiosa", que contrasta con lo que sucede adentro: rehenes vulnerables a una violencia impredecible.

En ese punto es cuando los negociadores de las fuerzas policiales entran en acción. Cercados, para los delincuentes los rehenes son un recurso desesperado, una "tregua" para poder escapar.

Según las últimas estadísticas de organizaciones no gubernamentales, en todo el país se producen unas 730 tomas de rehenes por año. El 90% de los casos se resuelve por la vía de la persuasión, gracias a los mediadores policiales.

Con frialdad de cirujano, Pablo, negociador del grupo Halcón, de la policía bonaerense, maneja su propia ansiedad y tolera el estrés. Aprendió a disociar los hechos objetivos de sus propias emociones, aunque un concentrado hedor ácido delata el torrente de adrenalina que exuda su piel. No es miedo. Es una tensión punzante y permanente. La misma que, paradójicamente, lo vuelve más reflexivo y agudiza su poder de escucha.

Gran parte de las expectativas se depositan en él, pero no está solo: trabaja a la par de su coéquipier, una psicóloga de la fuerza, que lo complementa. La finalidad de ambos es crear necesidades en el otro que puedan ser cumplidas por uno solo. Algo así como poder "ingresar" en la mente de un agresor para tomar el control de una situación de crisis.

En ese marco desarrollan su tarea las tres duplas de negociadores del grupo Halcón de la policía bonaerense que, al igual que el GEOF, de la Policía Federal, intervienen en tomas de rehenes, motines o amenazas de suicidio.

En la provincia de Buenos Aires no se lleva un registro sobre ese ardid delictivo ya que, según confiaron voceros de la policía bonaerense, no sirve para tipificar delitos: "La delicuencia toma rehenes cuando algo les sale mal, que siempre es otro delito anterior", señalaron.

Entrenados según la doctrina del FBI adaptada a las leyes argentinas, tienen entre 25 y 40 años, y fueron seleccionados por sus destrezas psicofísicas: son pacientes, cerebrales, manejan una perfecta dicción y controlan sus impulsos. Además, gozan de una jerarquía media. Un rango que no sea tan bajo como para no poder tomar decisiones, ni tan alto como para que sus directivas sean las de máxima.

La teniente Elena J, una de las psicólogas experimentadas de esa fuerza de elite, es quien revela esos entretelones a LA NACION. En 1999 ayudó a rediseñar el perfil psicológico del negociador del grupo Halcón. Capacitó a muchos de ellos y medió en casos resonantes, como la falsa toma de rehenes del robo al Banco Río, de Acassuso. También, en el desaguisado que produjo un delincuente de 12 años, drogado y borracho, apodado "Chuki", en un supermercado de Gerli. Y, a partir de allí, en un sinnúmero de hechos menos mediáticos, como la vez en que un comerciante en plena crisis neurótica se atrincheró en su negocio de Puente La Noria y ató y encañonó al delincuente que lo había asaltado días antes, mientras amenazaba con matarlo si no le restituía la mercadería robada.

Ahora se ocupa de mediar en secuestros extorsivos, tras 20 años de negociar la violencia de la calle.

"El negociador ?revela? moviliza demandas y crea necesidades. Debe hacerle creer al delincuente que es él quien exige cosas, cuando en realidad son deseos generados por la estrategia de negociación. Por eso, lo primero que hacemos es cortarles el agua y la luz."

Medios para la fuga

De entrada, ellos piden autos para escaparse, armas y drogas, que no son negociables. La exigencia de un juez y de la TV vendrá después. Las cámaras en vivo les garantizan en el futuro cierta jerarquía carcelaria. Nunca se les dirá que no a algo. Se intentará transformar la demanda en otra que pueda ser satisfecha. Todo se da a cambio de algo y de forma paulatina. Lo que se promete, se cumple. Y cada contacto con el agresor es una bocanada con nueva información, que ayudará a armar el siguiente paso en la estrategia de negociación.

La integridad de los rehenes es el punto de partida, y descifrar el perfil del criminal, para saber qué decir y qué callar, el siguiente paso. No se cumple una hora de suscitados los hechos en que no aparezcan solas las madres o las mujeres de quien generó la tensión. Se establecen tres vallados y ellas servirán de fuente al psicólogo. Permanecerán allí hasta el final, ya que el contacto con ellas es el último eslabón de la disuasión.

Avezado oyente, es esa capacidad del negociador la que actúa como mirilla del equipo táctico, listo para irrumpir en la escena ante la primera alarma de peligrosidad. "Los delincuentes precoces son de peligro inminente por lo impulsivos ?afirma Elena?. Pueden matar a mansalva cuando la situación se les va de control. Y para ellos todo no deja de ser un juego."

Pero el 90% de los casos se resuelve por la vía de la persuasión. Así, la capacidad para dar vueltas las palabras resulta fundamental. Elena recuerda el siguiente diálogo:

?No vas a salir lastimado. Te lo asegura un triste policía como yo.

?Un triste policía como vos mató a mi hermano? le espetó el criminal.

?Contame cómo era tu hermano ?le respondió un hábil negociador.

Los errores también están a la orden del día. Sucedió cuando, hace unos años, un inexperto fiscal se puso a negociar un motín carcelario en Morón. Les prometió a los reclusos pizza de anchoas a las 4.30. El pedido no llegó. Otra vez, un juez permitió el desplazamiento de una crisis desde Villa Urquiza a Paternal. La policía los perseguía. "Fallas de manual", dice Elena.

El autocontrol resguarda a las víctimas y no se discute con el agresor, que a veces carga con psicopatías que lo ayudan en su manipulación. "Un compañero atravesaba una conflictiva situación conyugal cuando un delincuente le exigió: «De ahora en más, te vas a hacer llamar ?Cornudo?. Te llamo y vos decís: ?Hola, habla Cornudo». Al siguiente llamado del criminal, el negociador, que se estaba separando, se desbarrancó. Debió tomar la posta un equipo secundario, una táctica desaconsejable en la negociación, ya que quien la inicia, la termina", dice Elena.

Es clave el semblanteo respecto del encono que el delincuente pueda haber desarrollado con algún cautivo. "Cuando escuchás: «Me molesta esta pelota» [una embarazada], y ves que se cosifica a la persona, es muy probable que sobre ella se ejerza más violencia. Entonces, el señalado será una prioridad en la liberación", concluye.

Protocolo

• La crisis no se debe trasladar de lugar y el negociador está para movilizar demandas.

• A través de la escucha, el negociador es el "ojo" del equipo táctico.

• Jamás se le habla al delincuente de la posibilidad de matar o se le pide que no mate a alguien.

• Nunca se le dice que sus acciones no tendrán consecuencias.

• No se pone al teléfono a las autoridades de la mesa de crisis (fiscal y jefe policial).

• Autos, armas, drogas y alcohol no se negocian.

• Se cumple siempre con lo que se promete.

Perfil de quienes toman rehenes

• Tienen adicciones y hasta 35 años. Son improvisados e impulsivos, a los que algo les salió mal. Provienen de familias desarticuladas, sin figura paterna. Y delinquen para su madre en un sentido figurado: quieren tapar sus carencias. "La ley tiene que ver con una función paterna, con una madre no permisiva que fija la autoridad", dice Elena.

Atras   15.08.2009.

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